Pensamiento mágico. La panacea de las infraestructuras

Con esta “entrada” se inicia una pequeña serie dedicada a la inversión y a la gestión pública.

Durante los treinta últimos años las administraciones públicas han invertido cuantiosamente en Andalucía, en múltiples frentes: escuelas, hospitales, puertos, carreteras, ferrocarril, suelos logísticos… Es obvio que parte de esas inversiones están permitiendo la exitosa prestación de unos servicios que estaban fuera del alcance de los andaluces antes de esas fechas; pero no es tan obvio que toda esa inversión tenga efectos positivos en la economía y en el bienestar, y tampoco es obvio que, para que puedan producir en el futuro los efectos positivos aún no aflorados, sea necesario seguir invirtiendo más.

Parte de las inversiones sin impacto apreciable son, simplemente, innecesarias, y añadirles más recursos para su eventual empleo sólo significaría despilfarrar aún más recursos. Esto es válido tanto para inversiones efectivamente llevadas a cabo como para otras que se han tratado de ejecutar (algunas de las cuales aún hoy se persiguen).

Otra parte de las inversiones sin impacto lo son porque “la piedra”, sin gestión inteligente y activa, vale de bien poco. Pero la “gestión” poco preocupa, de modo que sus promotores están poseídos por una especie de “pensamiento mágico”, por el que creen que los equipamientos y las infraestructuras, por el sólo hecho de existir, desarrollarán una gestión estupenda. Se olvidan de que para que eso ocurra son precisas personas idóneas, recursos para la explotación, eficaz coordinación, diseño de servicios adecuados desde esas “piedras”…y si eso no se desarrolla, las “piedras” sólo serán en el futuro eso, “piedras”. Habrá que preguntarse en su momento el porqué del éxito y la expansión de ese “pensamiento mágico”, tan alejado de la realidad, pero que tanto consenso genera.

En esta “entrada” solo se alude y fugazmente, a una muestra: la que se empeña en sacar adelante el proyecto gaditano de suelo logístico en Las Aletas, reinventándolo tras cada revés judicial.

En su base, una propuesta: construir una extensísima y compleja zona logística en el término de Puerto Real, parcialmente en Zona de Dominio Público Marítimo Terrestre, para darle apoyo al puerto de Cádiz. La inversión: unos 200 millones de euros, públicos. Apoyos: de casi todas las instituciones públicas de la provincia, y de fuera de ella.

Probablemente hubiera sido emprendida ya, y abandonada al sol, si no fuera porque se les ocurrió hacerla en un espacio muy peculiar (Dominio Público Marítimo Terrestre), que sólo puede utilizarse para asentar lo que precisa estar junto al mar. Como éste no era el caso, grupos sociales vigilantes del buen uso del territorio llevaron el tema a los tribunales y ¿Qué ha dicho la última sentencia?. Algo que ha sido escuchado muy poco: “[el proyecto sobre el que se pronuncia el Tribunal Supremo en 2017 acotaba la Zona de Actividades Logísticas de Las Aletas a 213 hectáreas, y preveía que podrían requerirse de 150 ha. en el año 2020]…la realidad es desgraciadamente bien diferente…, la superficie proyectada es desproporcionada en relación con los tráficos reales en comparación con las superficies destinadas a los mismos fines en otros puertos nacionales e internacionales, baste señalar que Rötterdam mueve 93,6 millones de toneladas y tiene un ZAL de 246 ha., que Hamburgo mueve 58,8 millones de toneladas y tiene un ZAL de 300 ha. En España, Santa Cruz de Tenerife mueve 4,4 toneladas y tiene un ZAL de 96 ha. Como puede observarse, en el mejor de los casos, Cádiz que mueve 2,1 toneladas, tendría un ZAL con una superficie que no guarda proporción alguna con sus reales necesidades”.

Para quienes promueven las Aletas la sencilla y rotunda afirmación contenida en esas frases –no hay mercancías que justifiquen, ni de lejos, una actuación de esa envergadura, que sólo sirve para mercancías- vale de bien poco, de manera que ahora simplemente pretenden desarrollar una réplica de esa iniciativa unos pocos kilómetros más cerca de los puentes sobre la Bahía, lejos del alcance de los jueces.

¿Cuál será el destino de ese suelo? ¿Quizás contribuir aún más a la paradójica situación de que Andalucía, la región que dispone ya del más alto índice de intensidad logística (se mide en “metros cuadrados de suelo logístico/PIB per cápita”): cuatro veces superior a Madrid, casi el doble que Cataluña, quince veces el de Aragón…, recursos en muy buena parte ociosos, siga aumentando esa capacidad excedente, como si de ello se derivara algún bien para su sociedad y su economía? ¿Quizás olvidar así la ineficiencia en la gestión de tanto suelo excedente?

Intensidad Logística

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