Sin palabras. Gasto de las familias en educación.

 

Como en la entrada anterior la fuente de esta gráfica es también la Encuesta de Presupuestos Familiares del INE. La variable mide el peso que tiene el gasto en educación dentro de la cesta de gasto familiar total y se expresa en % de este gasto total. Los datos están actualizados a 2018 y las series arrancan en 2006, años antes de la crisis. Se representan las series correspondientes a la pauta de gasto educativo en las familias españolas (línea azul) y en las familias andaluzas (línea negra).

Gasto de las familias en educación

Sin palabras. Gasto de las familias

Tras meses sin actividad, abro una etapa en la que voy a limitarme a presentar diversas informaciones, en forma de gráficas, que considero que pueden servirnos para ir entendiendo mejor cuanto nos rodea.

El común denominador de la serie que ahora comienzo sigue siendo la diferenciación (y la convergencia) entre Andalucía y España. En ocasiones habrá alguna referencia a otros temas que me parezcan relevantes para seguir entendiéndonos. Quienes accedan a este blog podrán interpretarlas como mejor consideren.

La gráfica de hoy tiene por fuente la Encuesta de Presupuestos Familiares del INE y hace referencia a las pautas de gastos de las familias: en qué gastan sus dineros.

Gasto familias.png

 

Activos “subcualificados”.

Al observar los niveles educativos de la población activa andaluza (la EPA del INE sigue siendo nuestra guía) se constata la existencia de diferencias relevantes respecto al perfil educativo de la española: un mayor peso de personas con un nivel educativo máximo de estudios de “primaria” (cuatro puntos porcentuales), un menor peso de personas con educación superior (siete puntos porcentuales). En esas diferencias -aparentemente “pequeñas”- se encuentran algunas de las causas de la diferente productividad, salario y desempleo entre Andalucía y España.

Activos. Nivel educativo

En el caso del paro, el impacto de ese diferencial alcanza manifestaciones muy expresivas: el desempleo se “ceba” entre los andaluces con menor nivel educativo (una tasa de paro del 38%), y, a menor escala, con los que tienen educación superior (14%), mientras que la tasa de paro de los activos andaluces con formación secundaria es de un orden similar a la española.

Parados. Nivel educativo.png

Esas cifras conducen a que el colectivo andaluz de personas activas “subcualificadas”  llegan a representar en estas fechas el 43% de los parados españoles de ese mismo nivel formativo.

Paro A_E nivel educativo.png

Prestar una especial atención en las actuaciones de las políticas de empleo a ese colectivo “subcualificado” (no sólo para darles trabajos de conveniencia con fondos públicos) convendría que fuera una meta de esas políticas, máxime cuando no contiene sólo a personas que, por su edad, van a abandonar pronto la población activa.