Las ITI. Primero Cádiz; ahora, quizás, Jaén.

El programa electoral del PP para la provincia de Jaén en las últimas elecciones autonómicas contenía una singular medida: “desarrollar sin dilación la Inversión Territorial Integrada (ITI)”, una medida revindicada pocos meses antes por las autoridades provinciales de Jaén (PSOE), tras advertir –con gran retardo por cierto- la existencia de una bien nutrida “ITI Cádiz”

Una ITI (Inversión Territorial Integrada), para quien no lo sepa, es una figura de intervención regional prevista en el actual Marco Comunitario de Apoyo, que recurre a una vieja manera de tratar una situación de grave deterioro de la competitividad de un espacio determinado: concentrar los recursos públicos de distintos centros directivos y orígenes (en este caso de los distintos Fondos europeos FEDER, FSE, FEADER…) sobre tal espacio, que se habrá dotado de un programa integrado para emplearlos, tratando de manera igualmente “integrada” los problemas y situaciones de diversa naturaleza identificadas como las causantes de ese “gap” de deterioro, e interviniendo sobre ellos mediante medidas bien seleccionadas.

Cádiz había conseguido -en 2014- que la asignación económica indicativa del marco financiero plurianual de los fondos estructurales y de inversión europeos (Fondos EIE) 2014-2020 destinara 1.293 millones de euros a la provincia, para una intervención ITI en ese período. La asignación a Cádiz de esos recursos no supone más recursos europeos para el conjunto de Andalucía, sino que, simplemente, los empleados en la ITI se detraen del total asignado a la región, consignándolos a su uso exclusivo en la provincia, que además sigue con derecho a participar en pie de igualdad sobre el conjunto de recursos restantes. Esta salvedad se ha pasado por alto habitualmente en las explicaciones mediáticas de la ITI, que han sido muy abundantes. Tal mecánica se replicaría en el caso de la ITI Jaén. Sigue leyendo “Las ITI. Primero Cádiz; ahora, quizás, Jaén.”

Un caso de “amor” a la piedra

Continuando con la temática de la pertinencia -o impertinencia-de algunas inversiones públicas se reseña aquí, como otro ejemplo, una operación de gran cuantía, sobre un espacio reducido y concreto.

La Autoridad Portuaria de Cádiz decidió a comienzos de la pasada década cambiar de sitio su Terminal de contenedores y crear una Nueva, dentro de su recinto, apartada de la actividad de cruceros; para ello era necesario, ni más ni menos, que ganarle al mar el terreno de la nueva, unos 220.000 metros cuadrados en su Primera Fase, una superficie similar a la de la Terminal que se abandonaría (195.000 metros cuadrados). Como no podía ser menos dada la naturaleza y complejidad de la obra, la inversión a realizar en esa primera fase era muy elevada, unos 120 millones de euros, unas seis veces lo que era entonces (y sigue siendo) la cifra anual de negocios de todo el Puerto.

Esas obras, iniciadas en 2011, se ultimaron hace un par de años, pero los accesos a la plataforma, tras gastar en ellos unos diecisiete millones de euros, no han podido terminarse por problemas técnicos que no deben ser fáciles de resolver, de manera que la entrada en servicio de la Terminal, inicialmente prevista para este año, se demorará al menos dos-tres años.

puertodecádiz

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El “mal de la piedra”

Decidir qué infraestructuras acometer es siempre una cuestión que obliga a pensárselo muy bien: compromete muchos recursos (que pueden asignarse a otros fines) y modifica el territorio durante largos períodos de tiempo, a veces de modo irreversible.

Para acometer una infraestructura hay que estar muy seguro de que su realización tiene un “efecto de adicionalidad“, de que mejora sustancialmente la calidad de vida de un colectivo de personas y/o la competitividad de un espacio. Hay que tener también la certeza de que el coste a pagar por ella es el adecuado y de que se disponen de los recursos para asumir ese coste… y para sufragar más tarde los gastos de mantenimiento que conlleva.

Acometer una infraestructura al amparo del principio “la oferta inducirá la demanda” sólo sirve para demostrar lo erróneo de esa apreciación, que desgraciadamente sólo se reconoce -y no siempre- cuando se constata que la infraestructura no se emplea, o incluso que ni siquiera se termina. Acometerla sobre una derivada de ese principio –“vamos a comenzarla, que ya vendrá el dinero para terminarla”- es una buena garantía de que no se ultimará y de que lo poco o mucho que se llegue a invertir será en balde (los “incompiuto” italianos por ejemplo). Sigue leyendo “El “mal de la piedra””

Pensamiento mágico. La panacea de las infraestructuras

Con esta “entrada” se inicia una pequeña serie dedicada a la inversión y a la gestión pública.

Durante los treinta últimos años las administraciones públicas han invertido cuantiosamente en Andalucía, en múltiples frentes: escuelas, hospitales, puertos, carreteras, ferrocarril, suelos logísticos… Es obvio que parte de esas inversiones están permitiendo la exitosa prestación de unos servicios que estaban fuera del alcance de los andaluces antes de esas fechas; pero no es tan obvio que toda esa inversión tenga efectos positivos en la economía y en el bienestar, y tampoco es obvio que, para que puedan producir en el futuro los efectos positivos aún no aflorados, sea necesario seguir invirtiendo más.

Parte de las inversiones sin impacto apreciable son, simplemente, innecesarias, y añadirles más recursos para su eventual empleo sólo significaría despilfarrar aún más recursos. Esto es válido tanto para inversiones efectivamente llevadas a cabo como para otras que se han tratado de ejecutar (algunas de las cuales aún hoy se persiguen). Sigue leyendo “Pensamiento mágico. La panacea de las infraestructuras”