El empleo en 2018. Las grandes magnitudes andaluzas.

En esta semana el INE ha publicado los datos de la Encuesta de Población Activa para todo el período 2018. En esta entrada, y en otras sucesivas, van a presentarse las fotos que la EPA nos ofrece sobre Andalucía.

Durante 2018 la ocupación ha crecido en Andalucía en unos ochenta y dos mil empleos, superando la cifra de tres millones, a la que se había llegado ya antes, en los años anteriores a la crisis. El ritmo de aumento de la población ocupada (2,8%) en Andalucía es ligeramente superior al registrado en España (2,7%).

Ocupados

El paro andaluz se ha reducido en este año unas ciento cinco mil personas, bajando por fin el umbral del millón. El descenso del paro se hace a un ritmo interanual (-10,4%) ligeramente más lento que en España (-11,2%). La tasa de paro andaluza (22,98%) se halla muy por encima de la española (15,26%), y en divergencia al contraerse más paulatinamente que en España.

Tasa de paro

La población activa andaluza ha mermado en unas veintitrés mil personas. Con ello la población activa andaluza se ha contraído en un -0,6%, mientras que la dimensión de la población activa en España ha aumentado en un modesto +0,3%. La tasa de actividad andaluza (56,88%) sigue por debajo de la española (58,65%), y, desde hace tres años, en ligera divergencia  con ella (la “divergencia” se mide en el gráfico siguiente como el cociente entre las tasas de actividad de Andalucía y de España; cuanto más lejos de 1 más distancia existe en el comportamiento de la tasa de actividad).

Divergencia Actividad

 

 

 

 

 

Las ITI. Primero Cádiz; ahora, quizás, Jaén.

El programa electoral del PP para la provincia de Jaén en las últimas elecciones autonómicas contenía una singular medida: “desarrollar sin dilación la Inversión Territorial Integrada (ITI)”, una medida revindicada pocos meses antes por las autoridades provinciales de Jaén (PSOE), tras advertir –con gran retardo por cierto- la existencia de una bien nutrida “ITI Cádiz”

Una ITI (Inversión Territorial Integrada), para quien no lo sepa, es una figura de intervención regional prevista en el actual Marco Comunitario de Apoyo, que recurre a una vieja manera de tratar una situación de grave deterioro de la competitividad de un espacio determinado: concentrar los recursos públicos de distintos centros directivos y orígenes (en este caso de los distintos Fondos europeos FEDER, FSE, FEADER…) sobre tal espacio, que se habrá dotado de un programa integrado para emplearlos, tratando de manera igualmente “integrada” los problemas y situaciones de diversa naturaleza identificadas como las causantes de ese “gap” de deterioro, e interviniendo sobre ellos mediante medidas bien seleccionadas.

Cádiz había conseguido -en 2014- que la asignación económica indicativa del marco financiero plurianual de los fondos estructurales y de inversión europeos (Fondos EIE) 2014-2020 destinara 1.293 millones de euros a la provincia, para una intervención ITI en ese período. La asignación a Cádiz de esos recursos no supone más recursos europeos para el conjunto de Andalucía, sino que, simplemente, los empleados en la ITI se detraen del total asignado a la región, consignándolos a su uso exclusivo en la provincia, que además sigue con derecho a participar en pie de igualdad sobre el conjunto de recursos restantes. Esta salvedad se ha pasado por alto habitualmente en las explicaciones mediáticas de la ITI, que han sido muy abundantes. Tal mecánica se replicaría en el caso de la ITI Jaén. Sigue leyendo “Las ITI. Primero Cádiz; ahora, quizás, Jaén.”

Pensamiento mágico. La panacea de las infraestructuras

Con esta “entrada” se inicia una pequeña serie dedicada a la inversión y a la gestión pública.

Durante los treinta últimos años las administraciones públicas han invertido cuantiosamente en Andalucía, en múltiples frentes: escuelas, hospitales, puertos, carreteras, ferrocarril, suelos logísticos… Es obvio que parte de esas inversiones están permitiendo la exitosa prestación de unos servicios que estaban fuera del alcance de los andaluces antes de esas fechas; pero no es tan obvio que toda esa inversión tenga efectos positivos en la economía y en el bienestar, y tampoco es obvio que, para que puedan producir en el futuro los efectos positivos aún no aflorados, sea necesario seguir invirtiendo más.

Parte de las inversiones sin impacto apreciable son, simplemente, innecesarias, y añadirles más recursos para su eventual empleo sólo significaría despilfarrar aún más recursos. Esto es válido tanto para inversiones efectivamente llevadas a cabo como para otras que se han tratado de ejecutar (algunas de las cuales aún hoy se persiguen). Sigue leyendo “Pensamiento mágico. La panacea de las infraestructuras”

Subcualificación en Andalucía: un territorio polarizado

Con esta entrada se concluye, por ahora, la aproximación a la “subcualificación” emprendida en las anteriores entradas, donde se la ha caracterizado por edad y género; se pretende ahora situar este “fenómeno” en el mapa, empleando, como en las entradas anteriores, los datos de la EPA para 2017.

La “subcualificación” se extiende de forma marcadamente desigual por Andalucía: en un extremo, Almería (el 57,6%); en el otro, Sevilla (el 40,7%). La presencia en Almería de más de sesenta mil inmigrantes en edad activa puede explicar parte del profundo diferencial; a una escala menor, la presencia de inmigración puede quizás explicar también la posición de Huelva. Este factor no explica sin embargo los altos valores alcanzados por la “subcualificación” en Jaén (52,9%), en Córdoba (49,7%) o incluso en Cádiz (47,1%), una provincia con cierto arraigo de la industria.

Tasasubcualificación_provincia.png

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“Subcualificados”. Un bis

Tras la entrada de ayer parecía pertinente preguntarse quienes son los “subcualificados” que se mencionaban en ella. Y nada más entrar en faena para ver sus edades, género, localización…queda claro que –para explicar lo que se ve- es preciso dar un paso atrás y volver a cuantificar a estos “subcualificados” con un criterio más amplio.

¿Qué sentido tiene en los tiempos que corren dar por escasamente cualificadas sólo a las personas que tienen como máximo estudios primarios?; ¿Acaso los estudios obligatorios de secundaria confieren mejores capacidades para aspirar a un empleo digno o para lanzar una iniciativa empresarial atractiva?.

Los niveles educativos empleados en la nota anterior (primaria, secundaria y superior) fueron oportunos para el análisis de la población hace dos, tres o cuatro décadas, pero su validez, al menos desde la perspectiva de la competitividad de una región y de su legítimo deseo a fortalecer sus conocimientos y a fundar sobre ellos una vida mejor, es más que discutible. Por ello –rebobinando un poco la cinta- se ha hecho el ejercicio de integrar también en este colectivo de “subcualificados” a aquellas personas activas que sólo han llegado como máximo a terminar los estudios obligatorios. Sigue leyendo ““Subcualificados”. Un bis”

Activos “subcualificados”.

Al observar los niveles educativos de la población activa andaluza (la EPA del INE sigue siendo nuestra guía) se constata la existencia de diferencias relevantes respecto al perfil educativo de la española: un mayor peso de personas con un nivel educativo máximo de estudios de “primaria” (cuatro puntos porcentuales), un menor peso de personas con educación superior (siete puntos porcentuales). En esas diferencias -aparentemente “pequeñas”- se encuentran algunas de las causas de la diferente productividad, salario y desempleo entre Andalucía y España.

Activos. Nivel educativo

En el caso del paro, el impacto de ese diferencial alcanza manifestaciones muy expresivas: el desempleo se “ceba” entre los andaluces con menor nivel educativo (una tasa de paro del 38%), y, a menor escala, con los que tienen educación superior (14%), mientras que la tasa de paro de los activos andaluces con formación secundaria es de un orden similar a la española.

Parados. Nivel educativo.png

Esas cifras conducen a que el colectivo andaluz de personas activas “subcualificadas”  llegan a representar en estas fechas el 43% de los parados españoles de ese mismo nivel formativo.

Paro A_E nivel educativo.png

Prestar una especial atención en las actuaciones de las políticas de empleo a ese colectivo “subcualificado” (no sólo para darles trabajos de conveniencia con fondos públicos) convendría que fuera una meta de esas políticas, máxime cuando no contiene sólo a personas que, por su edad, van a abandonar pronto la población activa.

Educación superior; ¿”capital humano”?

La Encuesta de Población Activa muestra que una tercera parte de la población activa andaluza tiene estudios superiores. Es cierto que aún no estamos al nivel del resto de España (donde este colectivo representa algo más del 40% de los activos), pero también es cierto que la población activa andaluza tiene ya un perfil del que cabe presumir unas capacidades muy superiores a las que tenían los trabajadores de esta tierra no hace demasiadas décadas. Valga como recuerdo el Censo de 1991; en esa fecha no tan lejana, las personas que tenían lo que entonces se llamaban “estudios medios y superiores” eran en Andalucía el 10,6% de la población activa.

Activos con estudios superiores

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El coste laboral en Andalucía: ¿alto?, ¿bajo?

Algunos economistas regionales plantean que salvar el retardo de Andalucía sólo puede resolverse apelando a un ajuste de sus costes salariales (o relajando la fiscalidad) que, compensando la menor productividad de su economía, atraiga inversores y empresas del exterior.

Parten de la imagen de que los costes laborales en Andalucía son elevados y entienden que su ajuste no se produce “naturalmente” (oferta/demanda) debido al efecto distorsionador de los flujos de subvenciones que reciben los trabajadores (el sistema de protección por desempleo), por lo que tales regímenes de subvenciones deberían modificarse para reducir el, supuestamente, no competitivo coste del factor trabajo.

Quedan fuera de la panorámica de esa concepción “explicativa” los demás factores que “a priori” configuran un diferencial de costes: la “perificidad” respecto a la UE, la moderada cualificación de su mano de obra, la ausencia de mercados de aglomeración, la debilidad del tejido empresarial (proveedores, logística…), las restricciones al acceso a los recursos financieros… Sigue leyendo “El coste laboral en Andalucía: ¿alto?, ¿bajo?”

El colectivo de parados españoles se hace más andaluz

Como todos los trimestres, llega la Encuesta de Población Activa, la EPA. En términos globales trae para Andalucía y para España una buena noticia: el paro sigue reduciéndose. Trae también una inquietud de fondo tanto para España como para Andalucía: la población ocupada está prácticamente estancada.

En términos relativos la velocidad a la que se reduce el desempleo en Andalucía es algo inferior que en España. Por ello, el peso del paro andaluz en el conjunto del paro español se va haciendo mayor, de modo que actualmente (EPA 3º trimestre 2018), de cada 100 parados españoles 27 son andaluces. El que de cada 100 ocupados españoles, sólo 15 sean andaluces, facilita interpretar esas cifras en sus justos términos. Sigue leyendo “El colectivo de parados españoles se hace más andaluz”

Unas cuantas tallas menos

La base productiva de la economía andaluza carece de la dimensión suficiente para atender las necesidades de la población regional y para proporcionar la ocupación que ésta requiere.

Esta apreciación recibe sólo ocasionalmente la atención de los analistas andaluces, tal como el profesor Aurioles ha hecho recientemente.

Una manifestación inequívoca de esa “infradimensión” la expresa la “densidad” del tejido empresarial, indicador que relaciona el número empresas existentes en la región (y en particular el número de sus pymes, los agentes económicos más dinámicos), con la población. Sigue leyendo “Unas cuantas tallas menos”